Después de las marchas del miércoles 14 de octubre, la Plaza de Bolívar, en el centro de Bogotá, quedó con paredes y espacios marcados con grafitis, pancartas y papeles pegados con colbón. Mientras los manifestantes salieron a las calles a defender sus ideas y hablar de derechos, al final también queda el trabajo de limpiar y recuperar los espacios que son de todos.
Y es que detrás de cada calle limpia hay hombres y mujeres que madrugan a trabajar para ganarse la vida. Muchas de estas personas son madres cabeza de hogar y trabajadores que deben recoger los papeles, despegar los carteles y limpiar las marcas que quedan en paredes y espacios públicos. A ellos también hay que pensarles, porque les toca hacer el trabajo sin importar lo que haya quedado después de una jornada de protesta.
Hablan de ambiente, de trabajo digno y de defender al pueblo, pero ¿quién piensa en los trabajadores del aseo que tienen que limpiar después? Marchar es un derecho y expresar las ideas también, pero respetar los espacios públicos debería ser parte del mismo compromiso.
