En Cartagena, la Armada Nacional celebró el bautizo de la Patrullera Oceánica Colombiana ARC 24 de Julio, un navío construido íntegramente en el país. Lo que más llamó la atención del evento no fue la embarcación en sí, sino la designación de Antonella Petro Alcocer, hija del presidente Gustavo Petro, como madrina del buque.
Con un discurso breve, la joven invocó la protección divina sobre la patrullera y la encomendó a las victorias futuras, gesto que generó tanto aplausos como críticas por el simbolismo político detrás de su rol.
El presidente Petro aprovechó la ceremonia para exaltar la capacidad de la industria militar nacional y la importancia de dignificar la vida de los miembros de las Fuerzas Armadas. En su intervención, habló de la necesidad de garantizar vivienda para quienes sirven en las filas militares y de complementar esa dignidad con tecnología moderna en defensa.
Sin embargo, la presencia de su hija como protagonista del acto oficial levantó suspicacias. Para algunos, se trató de un gesto familiar sin mayor trascendencia; para otros, un ejemplo de nepotismo simbólico en un evento de Estado.
