En medio de la indignación ciudadana por los viajes ostentosos de algunas figuras políticas y sus familias, la esposa del candidato presidencial Abelardo De La Espriella, Ana Lucia Pineda, se ha convertido en protagonista de una historia muy distinta. Con siete furgones cargados de alimentos, ropa y enseres, ha llegado hasta las zonas más golpeadas por las inundaciones en Córdoba, donde cientos de familias lo han perdido todo.
La futura primera dama no se ha detenido: cada semana continúa entregando donaciones, recorriendo veredas y municipios donde el agua arrasó con casas y pertenencias. Su presencia contrasta con la ausencia de otros líderes, y su labor ha sido recibida con lágrimas y aplausos por quienes hoy dependen de la solidaridad para sobrevivir.
Los cordobeses aún necesitan apoyo. Hay familias que quedaron sin techo, sin un lugar al cual volver, y que esperan que la ayuda no se detenga. En un país donde los lujos de unos se exhiben en redes sociales, la acción de Ana Lucia Pineda se convierte en un símbolo de esperanza y en un recordatorio de que la verdadera política empieza con hechos, no con discursos.
