La seguridad del aeropuerto de Barranquilla quedó en ridículo después de que un niño menor de 10 años lograra colarse hasta la pista de aterrizaje sin que nadie lo viera. El pequeño simplemente caminó, burló las mallas y se metió en la zona de mayor peligro del terminal aéreo solo por curiosidad. El escándalo se destapó cuando los bomberos divisaron la pequeña silueta en medio de la pista y tuvieron que activar una emergencia de inmediato para evitar que un avión lo arrollara o succionara.
Al niño lo entregaron a la Policía de Infancia y Adolescencia mientras buscaban a la mamá en un barrio vecino, pero el verdadero problema quedó en manos de las autoridades aeronáuticas. Es inaudito que un menor logre llegar a un área restringida de máxima seguridad sin que los guardias o las cámaras se percataran a tiempo. Esto deja claro que el cerramiento perimetral es un chiste y que cualquiera con un poquito de maña puede meterse hasta donde despegan los aviones.
A la Aeronáutica Civil no le quedó de otra que salir a decir que «no hubo riesgo», pero el afán con el que ordenaron contratos de emergencia los delata. Ahora están corriendo para instalar luces, arreglar los huecos de las mallas y meter patrullas motorizadas para que no se les vuelva a meter nadie. La travesura de este niño desnudó una negligencia que lleva años y que, por pura suerte, no terminó en una tragedia que hoy estaríamos lamentando.
