Durante las últimas horas, un fragmento del programa de sátira política La Megacárcel provocó una fuerte controversia luego de que la creadora de contenido Macafolla se refiriera a los 18.677 menores reclutados por las Farc como «esos hijueputicas niños que ya tienen más de treinta años». Aunque el espacio tiene un formato humorístico y algunos de sus participantes aseguraron que las declaraciones fueron sacadas de contexto, las palabras fueron interpretadas por miles de personas como una burla hacia una de las tragedias más dolorosas que dejó el conflicto armado colombiano.
La indignación creció tras la respuesta de Deisy Dorelly, una sobreviviente del reclutamiento forzado, quien rechazó públicamente esas expresiones y recordó que quienes fueron obligados a integrar las filas guerrilleras no dejaron de ser víctimas al llegar a la adultez. «Tengo 38 años y no soy ninguna hijueputica», expresó, al señalar que miles de niños fueron arrancados de sus familias, sometidos a abusos, violencia y torturas, viéndose obligados a convertirse en adultos antes de tiempo. Para muchos sectores, reducir esa realidad a un chiste representa una revictimización de quienes aún cargan las secuelas físicas y psicológicas de ese crimen.
Más allá del debate sobre los límites de la sátira, el caso abrió una discusión sobre el respeto que merecen las víctimas del conflicto. Diversas voces coincidieron en que el humor no debería trivializar el sufrimiento de los más de 18.000 menores reclutados, cuya infancia les fue arrebatada por la guerra. La polémica también reavivó el llamado a reconocer que detrás de esa cifra existen historias de niños y niñas que nunca pudieron vivir una infancia normal y que hoy siguen exigiendo memoria, verdad y dignidad.
