Estados Unidos estudia la posibilidad de establecer bases operativas en regiones apartadas de Colombia donde la presencia del Estado es limitada, como parte de una estrategia para fortalecer la lucha contra el narcotráfico y los grupos armados ilegales. La propuesta fue expuesta por Cartwright Weiland, director de la Oficina Antinarcóticos del Departamento de Estado, durante una audiencia en el Congreso estadounidense, en la que explicó que estos puntos de operación buscarían reforzar las capacidades de la Policía Antinarcóticos en territorios considerados estratégicos para las organizaciones criminales.
De acuerdo con el funcionario, la iniciativa no contempla la instalación de bases militares permanentes en el sentido tradicional, sino centros operativos destinados a apoyar labores de inteligencia, logística y coordinación en zonas rurales de difícil acceso. «Podríamos establecer bases operativas en territorios de difícil acceso que, en la actualidad, son esencialmente zonas sin control estatal», afirmó Weiland, al señalar que este tipo de modelo ya ha sido utilizado por Estados Unidos en otros escenarios de cooperación internacional contra el crimen organizado.
El anuncio ha reavivado el debate sobre el alcance de la cooperación entre Colombia y Estados Unidos en materia de seguridad y soberanía nacional. Mientras algunos sectores consideran que una mayor presencia operativa podría fortalecer la lucha contra el narcotráfico y las estructuras armadas ilegales, otros advierten que cualquier iniciativa de este tipo deberá respetar la Constitución, la legislación colombiana y los mecanismos de cooperación bilateral vigentes. La propuesta surge en medio del proceso de transición presidencial y de una nueva etapa en la relación entre Washington y el gobierno entrante de Abelardo De La Espriella.
