Un retén ilegal del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en Tibú, Norte de Santander, terminó con el secuestro de cinco policías que se encontraban de permiso. El hecho se produjo cuando tres guerrilleros interceptaron un bus de servicio público de la empresa Peralonso, obligaron a descender a los pasajeros y, tras revisar sus teléfonos celulares, identificaron a los uniformados.
El subintendente Jhon Freddy Gómez, subcomandante de la Subestación Tres Bocas, logró evadir el retén y alertar a las autoridades sobre la retención ilegal. Las víctimas fueron identificadas como los patrulleros José Carrillo, Carlos Barrera, Edwin Manosalva, Ramón Coronel y Daniel Granada. Según el reporte preliminar, los policías viajaban de regreso tras un turno de permiso por la temporada de Navidad, sin uniforme ni armamento, lo que facilitó que fueran capturados. Los secuestradores robaron una camioneta gris de platón y trasladaron a los uniformados con rumbo desconocido hacia una zona cercana a la frontera con Venezuela.
Este nuevo golpe del ELN ocurre en un contexto de tensión regional, tras la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos y las revelaciones sobre los vínculos criminales de la guerrilla con el régimen venezolano. Las consecuencias de este secuestro son graves: aumenta la presión sobre el Gobierno colombiano, profundiza la crisis de seguridad en Norte de Santander y evidencia la capacidad del ELN de desafiar al Estado en zonas estratégicas.
