La situación de Drogas La Rebaja volvió a ponerse sobre la mesa en las últimas semanas, luego de que distintos sectores empezaran a comentar el deterioro de la cadena tras su intervención por parte del Gobierno Nacional. Lo que en su momento se presentó como una apuesta por fortalecer una empresa estratégica terminó, según lo que hoy se percibe en el mercado, en un proceso marcado por dificultades operativas, pérdida de competitividad y un desgaste financiero que llama la atención.
De acuerdo con análisis que han venido circulando, en poco más de un año la compañía pasó de sostener una operación estable a enfrentar serios tropiezos administrativos. Cambios constantes en la dirección y una conducción que, para algunos observadores, no contaba con suficiente experiencia en el sector farmacéutico, habrían incidido en decisiones poco efectivas. Todo esto ocurrió mientras otras cadenas como Farmatodo o Cafam avanzaban, ampliaban su presencia y fortalecían su posición frente a los consumidores.
Hoy en día, el caso de Drogas La Rebaja es interpretado por muchas personas como una señal de alerta sobre los retos que enfrenta el Estado al asumir la gestión directa de empresas comerciales en mercados altamente competitivos. Sin señalar responsables puntuales, este caso reabrió el debate sobre la capacidad administrativa y la necesidad de contar con modelos claros y eficientes cuando se trata de manejar este tipo de compañías, un tema que sigue dando de qué hablar en el panorama nacional.
