En menos de cuatro años, Néstor Gregorio Vera Fernández, alias Iván Mordisco, ha sobrevivido a tres operativos militares que buscaban acabar con su vida. Bombardeos en zonas selváticas de Guaviare y Vaupés han dejado decenas de muertos, incluso su círculo más cercano, pero él siempre logra escapar.
En un gobierno anterior, se anunció su supuesta muerte y hasta se celebró como un golpe histórico contra las disidencias de las FARC. Sin embargo, la noticia resultó falsa y la pregunta sigue viva: ¿qué pasó con los recursos invertidos en esa operación fallida, con la recompensa ofrecida y con la credibilidad de las instituciones que aseguraron haberlo abatido?
Hoy, tras el más reciente operativo en Pacoa, Vaupés, Medicina Legal confirmó que el cabecilla no está entre los seis cuerpos recuperados. Una vez más, el Estado queda en ridículo frente a un hombre que parece moverse como sombra en la selva. La inteligencia militar asegura conocer sus movimientos, incluso sus problemas de salud y la búsqueda de medicamentos, pero la justicia colombiana sigue sin poder ubicarlo.
¿Cuántos atentados más deberán ocurrir para que la captura sea real? ¿Cuántas veces más se repetirá la historia de un Estado que anuncia victorias que nunca se concretan? Mientras tanto, Iván Mordisco continúa burlándose del sistema, convertido en símbolo de la impunidad que golpea a Colombia.
