En la parroquia de Canasvieiras, en Florianópolis, Brasil un sacerdote organizó una rifa benéfica durante la misa de Pascua con el objetivo de recaudar fondos para renovar cinco comunidades del norte de la isla. Los boletos se vendieron a 50 reales cada uno y el premio era un Fiat Argo nuevo. La dinámica consistió en lanzar todos los papeles al aire y atrapar uno al azar, lo que generó un momento inesperado: el boleto ganador resultó ser el del propio párroco.
El video del sorteo se viralizó rápidamente en redes sociales, mostrando al sacerdote sorprendido y emocionado al anunciar que el carro era suyo. Sin embargo, la situación generó controversia, ya que muchos cuestionaron la transparencia del proceso y la ética de que el organizador resultara beneficiado. Ante la polémica, el sacerdote decidió renunciar al premio y se optó por realizar un nuevo sorteo.
La historia, que algunos feligreses calificaron como “un milagro”, ha abierto un debate sobre la credibilidad de las rifas organizadas por instituciones religiosas y la necesidad de garantizar procesos claros y confiables. El episodio, más allá de la anécdota, deja en evidencia cómo la suerte puede convertirse en un dilema público cuando se mezcla con la fe y la recaudación de fondos.
