En el estado Anzoátegui, Venezuela, un grupo de indígenas Cumanagotos, reunidos en la orilla de un río, con hierbas, cánticos y un cartel con la imagen de Nicolás Maduro, realizaron un ritual para pedir la “devolución” de Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores. Las ofrendas a la tierra fueron presentadas como un acto espiritual para invocar la protección de sus ancestros y reclamar el regreso de la pareja a territorio venezolano.
El ritual, cargado de simbolismo, incluyó hojas, agua y rezos, en un ambiente que mezclaba tradición indígena con la coyuntura política nacional. Los participantes aseguraron que su petición no solo busca la liberación de Maduro y Flores, sino también la “armonía” de Venezuela, en medio de la crisis institucional que atraviesa el país. La imagen del cartel con el rostro del exmandatario, rodeado de hierbas y plegarias, se convirtió en el centro de la controversia.
Esta ceremonia deja más preguntas que respuestas: ¿es un acto de fe ancestral o una manifestación política disfrazada de ritual? Lo cierto es que la escena de los Cumanagotos en el río refleja cómo la figura de Maduro sigue generando fervor y división. Mientras unos lo ven como líder derrocado, otros lo invocan como símbolo de resistencia, en un país donde la espiritualidad y la política se entrelazan de manera explosiva.
