En las horas de la noche del 8 de enero, Caracas fue escenario de un hecho inesperado: la liberación del ex candidato presidencial venezolano Enrique Márquez, quien permaneció más de un año recluido en el centro de detención del Helicoide, señalado por organizaciones de derechos humanos como un lugar de torturas. “Ya todo terminó”, fueron sus primeras palabras al reencontrarse con su esposa, en medio de la emoción de familiares y allegados que lo recibieron tras la excarcelación.
La medida se produjo en el marco de una serie de liberaciones anunciadas por el régimen chavista, que incluyó también al dirigente político Biagio Pilieri y a la activista Rocío San Miguel, junto con otros ciudadanos españoles. En total, siete presos políticos recuperaron la libertad en una sola jornada, lo que fue interpretado por la oposición como un gesto de presión internacional y por la administración interina de Delcy Rodríguez como un acto de “convivencia pacífica”.
Sin embargo, la Casa Blanca aseguró que estas excarcelaciones responden directamente a la influencia de Donald Trump en Venezuela, tras la operación militar que culminó con la captura del depuesto Nicolás Maduro. Bajo los nuevos mandos, se ha exigido la liberación de presos políticos y extranjeros, lo que abre un nuevo capítulo en la crisis venezolana y en la relación con la comunidad internacional.
