El camino hacia la Copa del Mundo 2026 ha sufrido un giro drástico y alarmante. El ministro de Deportes de Irán, Ahmad Donyamali, confirmó este miércoles que su selección no viajará a Estados Unidos para competir en el torneo, citando motivos de seguridad y represalias políticas tras la muerte de su líder, Ali Jamenei, en un ataque reciente. La decisión, que parece definitiva según las palabras del ministro, rompe con las garantías que apenas horas antes había ofrecido el presidente estadounidense, Donald Trump, al titular de la FIFA, Gianni Infantino, sobre la seguridad de la delegación persa en territorio norteamericano.
El anuncio deja a la FIFA en una encrucijada reglamentaria sin precedentes a menos de 100 días para el pitazo inicial. Según el artículo 6 del reglamento del Mundial 2026, la retirada de una selección clasificada conlleva sanciones económicas severas, que oscilan entre los 275.000 y los 550.000 euros dependiendo de la fecha del abandono, además de la exigencia de reembolsar todos los fondos recibidos para la preparación. Más allá del dinero, la FIFA se reserva el derecho de imponer castigos disciplinarios que podrían derivar en la exclusión de futuras competiciones internacionales para la Federación Iraní de Fútbol.
Ante este vacío, el organismo rector del fútbol mundial deberá definir rápidamente quién ocupará la vacante en el Grupo G. Todo apunta a que el cupo se mantendría dentro de la Confederación Asiática (AFC), siendo Irak la opción más lógica al ser la selección que llegó más lejos sin clasificar, o incluso la posibilidad de que los Emiratos Árabes Unidos (EAU) entren en la disputa por la plaza. Mientras tanto, el mundo del deporte observa con tensión cómo un conflicto internacional escala hasta los gramados, poniendo en duda la normalidad de una Copa del Mundo que ya enfrenta grandes desafíos logísticos y de seguridad.
