A veces, el mejor trabajo del día no es el que marca el reloj, sino el que nos devuelve la fe en la humanidad. Un perrito había quedado atrapado en el fondo de una excavación profunda, rodeado de paredes de tierra tan altas y empinadas que le era imposible salir por sus propios medios. El pequeño animalito no tenía forma de salvarse solo y la angustia crecía a cada minuto.
Al darse cuenta de la situación, el operador de la excavadora no lo pensó dos veces. Con una precisión admirable y mucho cuidado, maniobró su máquina para ayudar al canino a volver a terreno firme. Fue un momento de tensión que terminó entre aplausos cuando, al sentir la tierra firme, el perro salió corriendo como si nada hubiera pasado.
Historias como esta son las que necesitamos ver más seguido. Un reconocimiento enorme para este trabajador, que demostró que, sin importar lo pesado que sea el equipo que se maneja, siempre hay espacio para un gesto noble.
