En medio de un transporte público, los pasajeros fueron testigos de un momento cargado de tensión, dolor y algunos lo llaman como dramatismo. Una mujer, visiblemente afectada, se inclinó casi de rodillas frente a su esposo y, entre lágrimas, le imploró que no la abandonara. Sus palabras, dichas con voz quebrada, resonaron en el lugar: “No me importa si me pegas, entre más pegas más te sigo, por Dios santo tú lo sabes bien, por favor no te vayas”.
La escena provocó murmullos y miradas de desconcierto entre quienes viajaban en el mismo vehículo. Algunos interpretaron la súplica como un reflejo de dependencia emocional, mientras otros señalaron la gravedad de que se normalicen expresiones de presunta violencia en espacios públicos.
