Hoy, hijo mío, recuerda que hubo un día en que la traición tuvo precio. El hombre me entregó por unas monedas, pero aun así, mi amor permaneció intacto. No me detuvo la traición, ni el rechazo, ni el abandono. Porque mi amor no se mide en oro ni en plata, sino en entrega total.”
“Mientras otros me vendían, yo me seguía dando. Mientras el corazón humano se endurecía, el mío se abría aún más. No vine a condenar, sino a salvar; no vine a señalar, sino a abrazar. Mi cruz no fue símbolo de derrota, sino de fidelidad sin límites. Allí te mostré que mi amor es más fuerte que cualquier traición.”
“Hoy, Miércoles Santo, quiero que mires tu vida y recuerdes que no hay pecado que me aleje de ti, ni caída que me impida levantarte. Yo sigo entregándome cada día en tu historia, en tu lucha, en tu esperanza. No temas: aunque el mundo te venda, yo siempre te compro con amor.”
