En una estación de servicio de Petromil, un cliente grabó una escena que rápidamente se volvió viral: un trabajador, en medio de su turno, cargaba a un perrito, lo acariciaba, le hablaba y lo abrazaba con una ternura que desarmó a quienes presenciaron el momento. La grabación muestra más de un minuto de afecto sincero, en un entorno donde normalmente solo se espera rutina y cansancio.
El animal, que luce saludable y confiado, parece ser compañero habitual del trabajador. Ambos comparten largas jornadas en las que la monotonía se rompe con gestos de cariño y compañía mutua. La relación entre ellos refleja un vínculo que trasciende lo laboral y se convierte en símbolo de empatía y humanidad.
Este tipo de gestos son precisamente los que recuerdan que aún existen personas buenas, capaces de dar luz y esperanza en medio de la rutina. El abrazo a ese perrito se convirtió en un recordatorio de que la bondad puede aparecer en cualquier lugar, incluso en una bomba de gasolina.
