En las ciudades, los estudiantes se trasladan en automóviles o buses, mientras que en las veredas y caminos apartados, el caballo sigue siendo el medio de transporte cotidiano. Más que una postal pintoresca, es un recordatorio de las realidades diversas que conviven en el país.
El caballo criollo colombiano, símbolo de resistencia y tradición, acompaña a quienes deben recorrer largas distancias para acceder a la educación. Para ese niño, llegar a la escuela no es solo un trayecto físico, sino un esfuerzo diario por salir adelante en medio de las limitaciones de infraestructura y transporte. Cada paso del animal representa la voluntad de aprender y la fuerza de una familia que apuesta por la educación como camino de futuro.
Este contraste muestra que Colombia no se define únicamente por la modernidad de sus ciudades, sino también por la perseverancia de quienes, desde el campo, mantienen vivas las raíces culturales. Mientras unos niños viajan cómodamente en carro, otros cabalgan con dignidad hacia sus clases, demostrando que el deseo de superación no depende del medio de transporte, sino del compromiso con el conocimiento y la esperanza de un mañana mejor.
