El Día de San Valentín tiene raíces en la Antigua Roma. Se relaciona con las fiestas lupercales, celebraciones paganas de fertilidad, y con la historia del sacerdote Valentín de Roma, quien desafió al emperador Claudio II al casar en secreto a jóvenes enamorados pese a la prohibición. Por ello fue ejecutado el 14 de febrero del siglo III, y más tarde la Iglesia lo convirtió en símbolo del amor y la afectividad.
En el año 494, el papa Gelasio I fijó el 14 de febrero como día de San Valentín, conmemorando su martirio. Con el tiempo, la fecha se mezcló con tradiciones medievales que exaltaban el amor cortés y, ya en el siglo XIX, se popularizó en Occidente con el intercambio de tarjetas, flores y chocolates.
Hoy se celebra como un día para expresar cariño y afecto, no solo entre parejas, sino también entre amigos y familiares. Se ha convertido en una de las jornadas más universales para demostrar amor en distintas formas.
En la actualidad, San Valentín es visto tanto como una tradición cultural como una industria global. Mientras algunos lo critican por su carácter comercial, otros lo aprovechan para reforzar vínculos afectivos. En muchas sociedades modernas, se ha ampliado su significado: ya no es solo “el día de los enamorados”, sino también una ocasión para celebrar la amistad, la solidaridad y el amor propio.
