En Santa Marta se comenta la historia de Rosa, una paramédica que se ha convertido en símbolo de entrega y vocación. Según lo que relatan testigos, incluso fuera de turno ha intervenido en accidentes de tránsito y situaciones inesperadas, desatando admiración por su disposición a salvar vidas sin importar la hora ni el lugar.
De acuerdo con lo que circula entre compañeros y vecinos, Rosa ha brindado primeros auxilios en choques de motos y carros, estabilizando pacientes antes de la llegada de los organismos de socorro. Su temple y humanidad han originado reconocimiento silencioso, pues su labor es un apoyo fundamental en los momentos más críticos de la ciudad.
Quienes la conocen aseguran que Rosa no busca protagonismo ni aplausos. Su mayor recompensa, comentan, es ver a alguien sobrevivir gracias a su intervención. Historias como la suya levantan reflexiones sobre el valor de quienes, con rodillas al suelo y gratitud al creador, se convierten en verdaderos ángeles de la vida en las calles de Santa Marta.
