A pocos días del fin del mandato del presidente Gustavo Petro, el alcalde de Cartagena, Dumek Turbay, lanzó una declaración que rápidamente encendió el debate político en el país. Al ser consultado sobre la recta final del Gobierno Nacional, el mandatario distrital respondió sin rodeos: «Ya quiero que sea 7 de agosto», en referencia a la fecha en la que se oficializará el cambio de gobierno en la Casa de Nariño. La frase fue interpretada por muchos como una muestra del desgaste en la relación entre el Ejecutivo y varios mandatarios regionales.
Las palabras de Turbay no llegan por casualidad. Desde hace meses, el alcalde ha cuestionado la falta de respaldo del Gobierno Nacional a Cartagena, asegurando que durante la administración Petro la ciudad recibió escasa inversión y que varios proyectos estratégicos quedaron sin el acompañamiento esperado. Incluso, en anteriores intervenciones afirmó que el balance para los alcaldes fue «muy regular» y pidió que el próximo gobierno atienda prioridades como la crisis tarifaria de energía en el Caribe.
Mientras Petro insiste en que entregará el poder el próximo 7 de agosto conforme a la Constitución y defiende el legado de su administración, las declaraciones de Dumek reflejan el ambiente de expectativa que rodea el cambio de gobierno. El relevo presidencial marcará el inicio de una nueva etapa política para Colombia, en medio de una fuerte polarización y con gobiernos locales que esperan una relación más cercana y una mayor ejecución de proyectos en las regiones.
