La carrera presidencial de Daniel Quintero ha estado marcada por tropiezos y giros inesperados. Tras abandonar la consulta del Pacto Histórico en octubre, recibir un aval de AICO en diciembre y ser rechazado por la Registraduría en enero, el exalcalde de Medellín buscó una salida política anunciando que su esposa, Diana Osorio, tomaría su lugar en la contienda por la Casa de Nariño.
El anuncio, hecho el martes en la tarde, aseguraba que Osorio contaba con el respaldo del Partido del Trabajo de Colombia (PTC). Sin embargo, la colectividad desmintió la información al día siguiente, calificando la supuesta invitación como “enteramente apócrifa, del todo falsa y no correspondiente a una decisión del Partido”. La aclaración dejó en evidencia un nuevo capítulo de confusión en la estrategia política de Quintero.
Este episodio ha generado polémica en el escenario electoral, pues refleja la incertidumbre y las contradicciones que han acompañado la aspiración presidencial del exmandatario local. Mientras Quintero insiste en mantenerse vigente en la campaña, las dudas sobre sus avales y movimientos políticos alimentan la controversia y ponen en tela de juicio la solidez de su proyecto.
