En Tumaco, Nariño, el candidato presidencial Iván Cepeda vivió un episodio que encendió las alarmas: en un evento público aparecieron personas con camisetas alusivas a la ‘Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano’, una disidencia de las antiguas Farc vinculada a la ‘Segunda Marquetalia’. El propio Cepeda denunció la situación y aseguró que informó de inmediato a la Policía Nacional, mientras el hecho generaba controversia en medio del ambiente preelectoral y de los diálogos de paz total impulsados por el Gobierno.
La polémica se intensificó con una investigación de La Silla Vacía y La Liga Contra el Silencio, que desmintió la versión sostenida por Cepeda durante años sobre los computadores de Raúl Reyes. Según el informe, no existe evidencia de que su nombre haya sido “sembrado” por el DAS en esos archivos, como él ha afirmado. Interpol concluyó que los documentos no fueron manipulados, y aunque la Corte Suprema los declaró ilegales como prueba por fallas en su obtención, no cuestionó su contenido.
El doble frente, la presencia de presuntos guerrilleros en sus actos y la sombra de los archivos de Reyes coloca a Cepeda en el ojo del huracán político. Mientras busca posicionarse como candidato presidencial, las denuncias y contradicciones sobre su relación con las Farc reavivan viejas dudas y alimentan el debate sobre transparencia, credibilidad y el verdadero alcance de la paz total en Colombia.
