El cierre de campaña de Iván Cepeda en Barranquilla no solo estuvo marcado por la masiva movilización de simpatizantes, sino también por la presencia de figuras que generan controversia. En la misma tarima apareció Griselda Lobo Silva, conocida políticamente como Sandra Ramírez, exintegrante del secretariado de las extintas Farc y actual congresista, cuya trayectoria sigue vinculada a investigaciones de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).
Ramírez ha sido señalada en distintos escenarios por su rol dentro de la antigua guerrilla y por procesos abiertos en la Corte Suprema de Justicia relacionados con presuntas amenazas contra voceras de organizaciones de víctimas. Su aparición en un acto político de Cepeda reaviva el debate sobre la legitimidad de quienes, tras haber pertenecido a estructuras armadas, hoy ocupan espacios de representación y acompañan campañas presidenciales.
La presencia de Ramírez en Barranquilla genera indignación entre sectores de víctimas del conflicto, que insisten en que aún no se ha esclarecido su responsabilidad en hechos graves del pasado. Mientras tanto, su respaldo público a Cepeda en un evento multitudinario pone sobre la mesa la tensión entre memoria, justicia y política, y deja abierta la pregunta sobre el impacto que estas alianzas tienen en la credibilidad de las campañas.
