La Asamblea General de Accionistas de Ecopetrol se convirtió en un verdadero campo de batalla. El presidente de la compañía, Ricardo Roa, fue recibido con gritos de “¡fuera, fuera!” y abucheos que interrumpieron en varias ocasiones su intervención. Lo que debía ser la presentación del informe anual terminó siendo un escenario de tensión y rechazo abierto hacia su gestión.
Los accionistas minoritarios, inconformes con la permanencia de Roa en medio de investigaciones judiciales, exigieron su renuncia inmediata. Argumentaron que su continuidad representa un riesgo reputacional y financiero para la empresa, debilitando la confianza de los inversionistas y afectando la valorización de la petrolera más importante del país. La propuesta de incluir en el orden del día el debate sobre su salida fue rechazada, lo que encendió aún más los ánimos.
En medio de los gritos y la presión, Roa logró continuar con la sesión, pero la fractura entre la administración y un sector de los accionistas quedó expuesta. La jornada reflejó el creciente malestar por la politización de la compañía y la exigencia de una dirección técnica que devuelva la estabilidad a Ecopetrol.
