En medio de la tensión política que dejó la primera vuelta presidencial en Brasil, una imagen entre Luiz Inácio Lula da Silva y la exvicepresidenta colombiana Francia Márquez llamó todas las miradas: ambos aparecen abrazados y Lula le da un beso en la mejilla. El gesto, cargado de cercanía y afecto político, ocurre en un momento decisivo para el mandatario brasileño, que acaba de quedar en segundo lugar en la primera vuelta y ahora deberá enfrentarse nuevamente en las urnas.
Los resultados oficiales dejaron a Flávio Bolsonaro en el primer lugar con el 47,03 % de los votos válidos, mientras Lula obtuvo el 45,16 %. La diferencia fue de apenas 1,87 puntos porcentuales, suficiente para llevar la contienda a una segunda vuelta el próximo 25 de octubre. El escenario convierte cada respaldo, cada gesto y cada aparición pública en una pieza de una campaña que promete ser una de las más intensas de la región.
Desde Colombia, Márquez había expresado públicamente su respaldo a Lula y enviado un mensaje de solidaridad al pueblo brasileño, destacando su liderazgo, la defensa de la democracia y la lucha contra el hambre y por una vida digna. Ahora, con Brasil dividido entre Lula y Flávio Bolsonaro, aquel abrazo y ese beso en la mejilla adquieren una dimensión política inevitable: mientras Lula busca remontar el resultado de la primera vuelta, sus aliados latinoamericanos vuelven a cerrar filas a su alrededor. La pregunta queda abierta: ¿podrá el respaldo de la izquierda latinoamericana ayudar a Lula a darle la vuelta a una elección que comenzó cuesta arriba?
