El nombramiento de Daniel Quintero como superintendente nacional de Salud se convirtió en un nuevo foco de controversia en Colombia. Aunque su designación fue confirmada el 15 de abril, apenas cinco días después el Gobierno expidió un decreto que deja al viceministro Jaime Urrego como encargado de la entidad, mientras se oficializa la posesión de Quintero tras el regreso del presidente Gustavo Petro de su viaje en España.
La decisión generó un fuerte revuelo político, pues sectores opositores cuestionan la falta de experiencia de Quintero en el área de salud y recuerdan los señalamientos de presunta corrupción durante su administración en Medellín. Para muchos, su llegada a la Supersalud refleja más un movimiento político que técnico, en un momento crítico para el sistema sanitario, marcado por la intervención de varias EPS y la incertidumbre sobre el futuro del modelo de aseguramiento.
En medio de la polémica, el Gobierno insiste en que el nombramiento sigue en pie y que el encargo de Urrego es solo un paso administrativo. Sin embargo, el episodio deja en evidencia la fragilidad institucional y la tensión que rodea la gestión de Petro en el sector salud, donde Quintero sería ya el quinto superintendente en menos de cuatro años de mandato.
