En medio de la rutina de mercado, un joven defendió con entusiasmo la gestión del presidente Gustavo Petro. Con una frase coloquial y contundente, desató comentarios: “No hay peor ciego que el que no quiere ver… Petro subió el salario, le bajó el sueldo a los congresistas, tiene la economía estable, vengo a hacer mercado y el huevo está a 10 mil pesos, pasen una urna para volver a votar por él”. Su voz refleja el respaldo popular que aún acompaña al mandatario.
El protagonista es un ciudadano común que, desde su experiencia cotidiana, interpreta las medidas del Gobierno como un avance. Para él, los ajustes salariales y la reducción de privilegios en el Congreso son señales de cambio que merecen apoyo. Aunque reconoce las dificultades en el costo de vida, su postura se suma a la de quienes aseguran que seguirán votando por Petro “las veces que se lance como candidato”.
El comentario levantó opiniones encontradas: algunos comparten su entusiasmo y celebran las decisiones presidenciales, mientras otros cuestionan la inflación y los precios de productos básicos. La escena refleja el pulso ciudadano: un país dividido entre la crítica y el respaldo, donde la gestión de Petro provoca tanto polémica como fidelidad incondicional.
