El Carnaval de Barranquilla no solo deja baile, espuma y alegría, también deja inconformidad en gran parte de la población carnavalera y usuarios en redes sociales. La polémica estalló cuando se denunció que una simple silla en el bordillo de la Vía 40 cuesta 150 mil pesos, un precio que para muchos resulta exagerado y ofensivo.
Las reacciones no se hicieron esperar: comentarios de indignación, acusaciones de “robo” y llamados a la organización para que regule los costos de un evento que debería ser accesible para todos. “Un robo, 150.000 pesos por una silla en el bordillo en la Vía 40 para el Carnaval de Barranquilla. Tiene razón la chica”, se lee en uno de los mensajes que se viralizó.
El Carnaval es patrimonio cultural, pero la experiencia no debería convertirse en un lujo inalcanzable. La discusión abre un debate necesario: ¿hasta qué punto la fiesta más grande de Colombia está siendo secuestrada por la lógica del negocio?
