En medio de la multitud que recorría las calles de Portoviejo durante el viacrucis de Viernes Santo, una imagen sencilla pero conmovedora se convirtió en símbolo de amor y fe. Vicente Cevallos caminó los ocho kilómetros del recorrido con su perro Mateo en brazos, decidido a cumplir una promesa personal: pedir a Dios por la recuperación de su mascota enferma.
La historia de Vicente está marcada por el dolor de haber perdido a varios de sus once perros en los últimos meses. Mateo fue el único que sobrevivió, aunque su salud sigue siendo frágil y requiere cuidados especiales. Esa experiencia llevó a su dueño a aferrarse aún más a la fe, convencido de que la oración puede ser un refugio en medio de la adversidad.
Mientras los fieles rezaban y entonaban cantos, Vicente avanzaba con serenidad, sosteniendo con ternura a su compañero de vida. Su gesto, más allá de la devoción religiosa, mostró la fuerza del vínculo entre un hombre y su mascota, recordando que el amor verdadero también se expresa en los actos más simples: caminar con esperanza, incluso cuando el camino es largo y difícil.
