En el barrio La Campiña, de Cartagena, la solidaridad se hizo visible de la manera más sencilla y auténtica. El presidente de la junta de acción comunal, Camilo Pérez, junto a otros líderes comunitarios, organizó una recolecta que consistió en recorrer casa por casa con una carretilla en mano, invitando a los vecinos a sumarse con donaciones para los afectados por el terremoto en Colombia.
La iniciativa, que nació desde la comunidad misma, logró reunir aportes que reflejan no solo la preocupación por las víctimas, sino también la fuerza de un tejido social dispuesto a responder en los momentos más difíciles. Cada entrega, por pequeña que fuera, se convirtió en símbolo de unión y esperanza, recordando que la ayuda no depende de grandes recursos, sino de la voluntad de servir.
El gesto de los habitantes de La Campiña es un ejemplo de cómo la solidaridad se multiplica desde lo cotidiano. En medio de la tragedia, la imagen de una carretilla cargada de alimentos y víveres se transformó en un mensaje poderoso: cuando la comunidad se organiza, el dolor se enfrenta con humanidad y las manos se convierten en puentes de apoyo para quienes más lo necesitan.
